Comentario de “La metamorfosis”, de Kafka

Franz Kafka , nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos, se formó en un ambiente cultural alemán y se doctoró en derecho.

Los temas de la obra de Kafka son la soledad, la frustración y la angustiosa sensación de culpabilidad que experimenta el individuo al verse amenazado por unas fuerzas desconocidas que no alcanza a comprender y se hallan fuera de su control. En filosofía, Kafka es afín al danés Sören Kierkegaard y a los existencialistas del siglo XX. En cuanto a técnica literaria, su obra participa de las características del Expresionismo y del Surrealismo.

La escritura de Kafka es brillante e irónica, en ella se mezclan con naturalidad fantasía y realidad. Su obra posee un aire fantasmal.

Así, desde los principios de nuestra era hasta la actualidad, encontramos en distintas creaciones un mismo motivo artístico, un mismo tema literario. La metamorfosis, tópico reiteradamente trabajado, encierra aún muchas posibilidades expresivas.

Producción literaria del autor con especial relevancia a esta obra.

Los escritos de Kafka pronto comenzaron a despertar el interés del público y a obtener alabanzas por parte de la crítica, lo que posibilitó su pronta divulgación, hasta el punto de que marcaría el proceso posterior de la literatura del siglo XX. Todas sus páginas publicadas, excepto varias cartas en checo dirigidas a Milena, se encuentran escritas en alemán.

En su obra, a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo, que se basa en reglas desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. El adjetivo kafkiano se utiliza precisamente a menudo para describir situaciones similares. Una curiosidad: En ocasiones usaba el pseudónimo de Yerba amarga, supuestamente los días de mayor hastío o desazón. Harold Bloom ha escrito en 1995: «Desde una perspectiva puramente literaria, ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos».

En cuanto a la obra es necesario destacar que la literatura de Kafka, a través de diferentes mecanismos, consigue que lo absurdo aparezca ante nuestros ojos como real y verdadero, y aunque al principio busquemos una explicación lógica tendemos a identificarnos con el personaje y autocompadecernos por él. Así pues, en su gran mayoría, los héroes de Kafka no saben muy bien si lo que les está pasando es un sueño o realidad y su finalidad no queda reflejada. Joseph K., en El Proceso, no termina de creerse que exista un tribunal que lo juzgue por no se sabe que, aunque al final termine por alimentar un sentimiento de autoinculpación. De la misma forma, en La metamorfosis, Gregorio cree que su mutación es cucaracha es un mal sueño, una pesadilla pasajera que dejará paso a la vida cotidiana al verse al principio después de la transformación, y termina por intentar acostumbrarse a su nuevo estado y culparse por su existencia y inutilidad en su estado.

Así su obra queda dividida en diferentes tipos de escritos:

Primeramente encontramos Novelas:

La metamorfosis (1912)

América (1913)

El proceso (1914)

El castillo (1922)

Después Relatos:

Descripción de un combate (1905)

Contemplación (1913)

La colonia penal (1914)

El maestro de pueblo (1914)

Blumfeld, un solterón (1915)

Un médico rural (1919)

Un artista del hambre (1924)

La muralla china

Y finalmente la Correspondencia:

Cuadernos en octava (1917)

Carta al padre (1919)

Diarios (1920-1923)

Cartas a Milena

La metamorfosis

Pocos comienzos de novela imprimen en el lector una sensación de desasosiego y extrañeza tan impactante como la que se produce al leer estas primeras líneas del genial escritor checo. Así comienza La metamorfosis, sin lugar a dudas la novela más conocida de Franz Kafka (1883-1924). La metamorfosis apareció publicada en octubre de 1915 en la revista Die weissen Blätter, dirigida por René Schickele, en la editorial Kurt Wolff de Leipzig. Muy poco tiempo después, en noviembre, la misma editorial decidió publicarla como libro independiente dentro de su colección “Der Jüngste Tag”. Bajo una aparente sencillez de diseño, esta obra ejemplar ha sabido instigar, desde entonces, a las más prestigiosas mentes, dando lugar a infinidad de interpretaciones. Estas interpretaciones han evolucionado y se han diferenciado en función del punto de vista desde el cual han sido elaboradas. Se habla de interpretaciones literarias, filosóficas, sociológicas, psicoanalíticas e incluso religiosas. Tal diversidad de concepción ha hecho de este pequeño libro en tamaño, uno de los clásicos del pensamiento europeo del siglo XX.

En la novela, Gregor Samsa, un viajante modelo, respetuoso con sus jefes, sometido a la rutina diaria y a la autoridad paterna, se ve convertido inexplicablemente en un escarabajo repugnante. Mientras, el mundo a su alrededor sigue firme en las detalles cotidianos. La sorpresa radica en que la transformación surge súbita en medio de un universo regulado precisa y minuciosamente por las leyes del realismo. Esta metamorfosis va a quebrar la trayectoria vital del protagonista, una trayectoria a todas luces impecable y previsible: como consecuencia de la transformación, Gregor es víctima del horror, del asco y del mayor de los desprecios. Finalmente, muere asumiendo su misteriosa culpabilidad, sintiéndose derrotado. Después de la muerte de Gregor, la familia de éste vuelve a salir alegremente a la calle y renueva sus esperanzas de un mundo mejor.

Tras la lectura de La metamorfosis, el lector se ve inundado de preguntas e interrogantes: ¿qué ha sucedido?, ¿qué significa esta historia?, ¿es de alguna manera una historia autobiográfica?, ¿trata de incomprensión o es simplemente una crítica social?… y así sucesivamente. Es a partir de aquí donde el lector debe crear su propia interpretación, eso sí, atendiendo a ciertas claves que el mismo escritor dejó impresas entre la propia historia y que pueden ayudar a entender y comprender.

Todo escrito es en cierta medida autobiográfico. Kafka reconoció explícitamente la relación entre La metamorfosis y su propia vida. Muchas veces se ha comentado la relación entre el apellido del personaje principal, Samsa y el del propio escritor Kafka: las vocales son las mismas y colocadas en los mismos lugares; del mismo modo, las letras S de Samsa y K de Kafka se encuentran ubicadas en las mismas posiciones. Cuando a Kafka se le planteó esta posibilidad, éste replicó: “No se trata de un criptograma. Samsa no es por entero Kafka. La metamorfosis no es una confesión, aunque sea, en cierto sentido, una indiscreción”.

Pero la novela no sólo trata del mismo Kafka, sino también de los lectores de la obra. El autor no quiere que el lector se aleje del personaje, que lo observe en su horrenda apariencia desde la distancia, sino que exige la identificación con el protagonista, que suframos internamente la inesperada transformación de la que es objeto Gregor. Kafka quiere que suframos con su personaje, que experimentemos sus vivencias y reacciones. No se nos muestra, por tanto, la historia como un sueño, sino como una realidad imposible de comprender racionalmente. En un primer momento nos revelaremos ante tal situación, intentando buscar una explicación lógica a algo que de por sí supera nuestra capacidad de entendimiento. Finalmente tendremos que aprender, al igual que Gregor, a aceptar la situación con todas sus consecuencias.

Y la identificación que Kafka busca con el insecto no es tanto física como psicológica. En su texto, el autor quiere huir de la pura apariencia exterior para centrarse en la contemplación interna del proceso de metamorfosis. Es precisamente este objetivo el que hace que Franz Kafka, cuando se entera de que la editorial ha encargado a Ottomar Starke la ilustración de la portada de la novela, escriba inmediatamente al editor, Kurt Wolff, para que no acepte un dibujo del insecto, en caso de que esto fuera lo que el ilustrador tuviera en mente.

“¡Esto no, por favor!(…) El insecto mismo no puede ser dibujado. Ni tan sólo puede ser mostrado desde lejos. En caso de que no exista tal intención, mi petición resulta ridícula; mejor. Les estaría muy agradecido por la mediación y el apoyo de mi ruego. Si yo mismo pudiera proponer algún tema para la ilustración, escogería temas como: los padres y el apoderado ante la puerta cerrada, o mejor todavía: los padres y la hermana en la habitación fuertemente iluminada, mientras la puerta hacia el cuarto contiguo se encuentra abierta.”

La editorial respetó los deseos de Kafka y Starke representó al padre, todavía en bata y desolado con las manos tapándose la cara. Lo fundamental, por tanto, para Kafka era transmitir al lector un estado psicológico e intelectual, no una imagen real y física de un insecto.

Además de este estudio psicológico de la personalidad, en esta obra genial se tratan otros temas presentes en la propia historia de la humanidad. Hablamos, por ejemplo, del conflicto entre generaciones, de la rebelión edípica de los hijos ante la autoridad paterna. Es este un tema muy presente en la obra de Franz Kafka. De todo el mundo es conocida la extraña relación que mantenía el escritor checo con su padre, Hermann Kafka. La incapacidad de Gregor Samsa, bajo su apariencia de escarabajo, para articular palabra alguna representa la incomunicación real que existió entre el Kafka padre e hijo. En este aspecto, como en otros muchos incluidos en la novela, es importante interpretar la obra a la luz del resto de escritos de Kafka. En su “Carta al padre”, escrita en 1919, Kafka pone por escrito todas sus desavenencias con la figura de su padre. Un texto muy clarificador y relevante en relación al papel representado por la figura del padre en la obra del escritor. En esta carta Kafka se autodenomina, por boca de su propio padre, como un gusano o un parásito que clava el aguijón y vive de la sangre del padre. Un antecedente más del símbolo del insecto, del escarabajo protagonista de La metamorfosis.

¿Qué pretendía entonces Kafka con su historia? Es difícil decirlo, aunque quizá sí sea posible intuirlo. La metamorfosis de Gregor no es, como puede parecer a simple vista, la causa de su ruina. La verdadera causa de ésta es el efecto simbólico de su vida cotidiana. Gregor no tiene un solo asidero humano: no conoce la amistad, ni el amor, ni la esperanza. El escarabajo Gregor no es capaz de hacerse entender ante nadie; el Gregor “hombre” tampoco. La vida de Gregor antes de la metamorfosis es mezquina, pobre, sin humanidad. No tiene nadie a quien comprender, ni nadie que le comprendiera. Por tanto, la propia metamorfosis no provoca su fin. En el proceso de transformación emerge, al fin, la conciencia de la propia inhumanidad. Es el cambio psíquico producido en Gregor después de la transformación el que proporcionará la luz que le hará comprender.

La novela termina con una alusión a la esperanza renacida de la familia, tras la desaparición del Gregor insecto. Se trata de una esperanza ilusoria, basada, en apariencia, en la muerte del escarabajo, del odioso indeseable. Pero es un simple espejismo; el mundo de soledad, de brutal egoísmo y de inhumanidad persiste. y mientras esto sea así, la breve e instantánea felicidad de los padres de Gregor correrá el peligro de truncarse por otra u otras posibles metamorfosis. Como Gregor, más aún que el desdichado Gregor Samsa, –y ésta es la lección moral más importante de la historia­– todos los demás pueden (podemos) despertar una mañana, después de un sueño intranquilo, y abrir con asombro los ojos, convertidos en monstruosos insectos, escarabajos de crepitante caparazón, enormes grillotalpas o repulsivas escolopendras.

Contexto histórico-literario

En el campo cultural, el cambio entre los siglos XIX y XX está marcado por la angustia de artistas e intelectuales que consideran fracasados los intentos de reforma de la vida humana iniciados desde la segunda mitad del siglo XVIII. Tras el optimismo ilustrado, la crisis del individuo que no puede afirmarse plenamente en el modelo social traído por el desarrollo industrial y el ascenso de la burguesía va ganando terreno, a lo largo del siglo XIX, hasta que explota en sus últimos años. Durante el siglo XX, esa angustia motiva que los escritores adopten diferentes actitudes, y la que adopta Kafka es la de la expresión de la angustia existencial.

El conflicto existencial

Los precedentes inmediatos del tema se encuentran en la filosofía irracionalista de la segunda mitad del siglo XIX y en ciertas obras de esa época —el arte realista acabó derivando hacia la preocupación por el sentido de la vida en autores como Dostoievski, Conrad o Ibsen—. El tema existencial presenta dos perspectivas en la literatura del período que estudiamos:

Se considera que la vida humana es un sinsentido y un absurdo, ya que el ser humano está abocado a la muerte y el olvido y nada puede evitarlo. Este planteamiento se encuentra en autores como Pirandello, Kafka o Ionesco.

VALORACIÓN CRÍTICA

La mayoría de los escritores y críticos del siglo XX han hecho referencias a su figura. Ha habido multitud de estudiosos que han intentado (e intentan) encontrarle sentido a la obra de Kafka, interpretándola en función de distintas escuelas de crítica literaria, como por ejemplo la modernista, la realista mágica, etc. La desesperación y el absurdo de que su obra parece estar impregnada se consideran emblemáticos del existencialismo. Aparte, unos han intentado hallar la influencia marxista en la satirización de la burocracia, en obras tales como En las obras La colonia penitenciaria, El proceso y El castillo, mientras que otros apuntan al anarquismo como el fundamento de inspiración para el individualismo antiburocrático de Kafka (tomando en cuenta también su breve militancia en una organización de este tipo y su apoyo a algunas campañas promovidas por los anarquistas checos). Sin embargo, una parte importante de la crítica ha interpretado su obra bajo el prisma del Judaísmo; también se ha intentado darle una interpretación a través del Freudismo (debido a sus conflictos familiares); o como alegorías de una búsqueda metafísica de Dios, según propuso Thomas Mann. Más modernamente, Walter Benjamin habló de su tensión entre la tradición mística y la modernidad metropolitana. Hay quien considera, con todo, que bajo los renglones de Kafka no se encuentra ningún sentido oculto, que sólo son historias y cuentos. Pues el mundo que desea Kafka no es nada oculto, es un mundo de los seres humanos, construido por ellos mismos (Arendt).

El tema de la metamorfosis en el mito y la literatura

El misterioso tema de la metamorfosis ha dado lugar a un sinnúmero de obras artísticas y literarias, desde los orígenes de la expresión estética hasta nuestros días. Un ser humano se transforma en animal, en mineral o en una planta, pero ¿la transformación obedece a la intención de salvar o de castigar a aquel en quien se opera? Los autores responden en formas diversas según su época, su convicción teológico-filosófica y las circunstancias en que surge su obra.

Ovidio

Ovidio, nacido pocos años antes de nuestra era, nos brinda en sus Metamorfosis múltiples opciones. La obra, considerada por la crítica su creación máxima, narra en quince libros sucesos acaecidos a personajes mitológicos. En algunas oportunidades, Júpiter se convierte en animal para lograr sus propósitos; bajo la forma de un toro, rapta a Europa. La tradición latina consideraba al dios inclinado a las aventuras amorosas, y no deja de atribuirle los más variados subterfugios en la búsqueda de la consumación de su deseo. En otros casos, una vez satisfecha su demanda, es su esposa quien convierte a la desafortunada amante –y, eventualmente, a la criatura fruto de esa unión- en un ser inferior. Habiendo descendido a recorrer el mundo, el enamoradizo Júpiter se prenda de la ninfa Calisto y la seduce; ante este nuevo adulterio, Juno convierte a la mujer y a su hijo, Arcas, en osos. El dios, dolido, vuelve a metamorfosearlos, esta vez en estrellas brillantes –las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor-, para de esta manera aliviar el sufrimiento ocasionado por su celosa cónyuge.

Muchas veces, la transformación es fruto de la piedad que los dioses sienten por los mortales que atraviesan momentos difíciles. En uno de los episodios narrados por Ovidio, Dafne es convertida en laurel por su padre, Peneo, como una forma de salvar a la angustiada joven de las reiteradas persecuciones de Apolo. En esta situación, y en otras semejantes, la metamorfosis puede considerarse como una respuesta de la divinidad a los ruegos de quien la invoca: no se trata ya del capricho de un dios, sino, más bien, de una gracia que éste otorga a quien se la implora.

En cambio, en algunos relatos –el de Narciso, el de Orfeo y Eurídice- la metamorfosis es un castigo enviado a los culpables de soberbia o desobediencia. Narciso rehusó amar a alguien más que a sí mismo y, por esa razón, convertido en flor, se admirará en las aguas hasta el final de los tiempos. Orfeo, haciendo caso omiso de los mandatos de la divinidad, se volvió para mirar a su mujer, quien quedó instantáneamente convertida en ligero humo. Siempre según el autor latino, el ruiseñor y la golondrina, al igual que muchas otras especies, aparecieron sobre la faz de la tierra como consecuencia de una conducta reprobable.

Virgilio, Dante

Este último aspecto, el de la metamorfosis como castigo, es el que, siglos más tarde, retomará Dante Alighieri en su obra magna. En una escena de claras reminiscencias virgilianas, los mortales se transforman en árboles, y quien arranca una de sus hojas les ocasiona un inmenso dolor. Claro está que, en La Eneida, no se trataba de un castigo por una mala acción. Polidoro se había transformado en mirto al fundirse las lanzas que lo cubrían, luego de haberle dado muerte. Dante emplea la metamorfosis en árboles como la condena impuesta en el más allá a quienes atentaron contra la propia existencia.

En el octavo círculo, en cambio, los ladrones padecen interminables tormentos entreverados con toda clase de serpientes. Muchas veces –comenta Angel J. Battistessa- ellos mismos se transforman en ofidios, tal como en su vida terrenal cambiaron su indumentaria para llevar a cabo sus fechorías. En La Divina Comedia, la metamorfosis es la pena impuesta a quienes actuaron contra lo dispuesto por Dios; es una de las formas en que el pecador pagará sus culpas en la vida ultraterrena.

Kafka

A principios del siglo XX, Franz Kafka retomó este tópico en uno de los relatos fundamentales de la moderna literatura. La metamorfosis narra la historia de Gregorio Samsa, un joven que se convierte en un enorme escarabajo. Ya no se trata del pecador castigado, sino del hombre en su condición de tal. “Un caso singular se convierte en paradigma de toda variación, y todo hecho remite a una misma situación ontológica”,

afirma Fritz Martini, en su Historia de la literatura alemana. El hombre se convierte en un monstruo porque es rechazado; la marginación se evidencia físicamente, se vuelve visible y palpable.

El planteo religioso desaparece -a criterio de Jorge Luis Borges, la interpretación teológica de la obra no es muy útil- y ya no se tratará de la actitud de Dios o de un dios respecto de los hombres sino de las relaciones que enriquecen a éstos o los degradan. Fritz Martini considera que la obra de Kafka está concebida a partir de símbolos sombríos, en los que se encierra “toda la tragedia de la vida actual”. La metamorfosis es, entonces, el símbolo de la soledad, de la incomprensión, que caracterizan a nuestro tiempo.

Ionesco

La dramaturgia moderna tampoco ha sido ajena a este motivo cultivado por la literatura de todos los tiempos. El “Teatro del Absurdo” ha encontrado en él una idea fecunda y susceptible de generar diferentes significados. Eugene Ionesco, en Rinoceronte –considerado por la crítica como uno de los dramas de “advertencia social”- ha explotado al máximo el potencial simbólico del tópico. Los personajes se metamorfosean cuando comprenden que no pueden dialogar; el protagonista, lejos de aceptarlo, se opone con todas sus fuerzas. “La enérgica e irreductible arrogancia de Bérenger (aunque en cierto modo irracional y estúpida) lo eleva desde la nada congénita que representa hasta un nivel de abnegado heroísmo que a pocos les es dado alcanzar, comenta George E. Wellwarth.

En esta obra, la transformación en rinoceronte simboliza un problema existencial: el estado de alienación del hombre en la sociedad moderna, pero también tiene que ver con la presión que una determinada situación política puede ejercer sobre el individuo.

Así, desde los principios de nuestra era hasta la actualidad, encontramos en distintas creaciones un mismo motivo artístico, un mismo tema literario. La metamorfosis, tópico reiteradamente trabajado, encierra aún muchas posibilidades expresivas.

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