Tema 10. La modernidad poética: Baudelaire, Rimbaud y el simbolismo

Tema 10. El arranque de la modernidad poética: Baudelaire y Rimbaud.

  1. 1. Contexto literario: Parnasianismo y simbolismo.

De la misma manera que se había agotado en la 2ª mitad del siglo XIX  la rebeldía y el idealismo romántico y  los novelistas se empezaron a dedicar  a la observación realista del mundo, en la poesía se llevó a cabo una transformación que dio paso a la poesía actual. Este cambio comenzó en Francia: los poetas se dedicaron a explorar su propia interioridad y a perseguir la belleza a través de la palabra, consiguiendo la superación del romanticismo.

1.1.        El parnasianismo

Se formó en el año 1866 con motivo de la publicación de tres antologías poéticas tituladas: El Parnaso contemporáneo. Figuraban en ellas  poemas de Théfilo Gautier, Leconte de Lisle, Teodoro Beauville,  y Charles Baudelaire.

El Parnasianismo surge como una reacción contra  el exceso de subjetivismo  y  de sentimentalismo  del  romanticismo. Querían una poesía despersonalizada, alejada de los propios sentimientos y con temas que tuvieran que ver con el arte, temas de por si sugerentes, bellos, exóticos, con una marcada preferencia por la antigüedad clásica, especialmente la griega, y por el lejano Oriente.

En lo referente al estilo, los parnasianos cuidaban mucho la forma. De esta manera, si los románticos demostraron una gran intensidad de sentimientos, los parnasianos intentaron, ante todo, crear belleza con cierta frialdad. El lema del parnasianismo era: el arte por el art, ,poesía valorada  como forma más que como contenido. Arte que no tenía por qué estar comprometido con la realidad social.

1.2. El simbolismo

Fue un movimiento literario y pictórico iniciado en Francia y Bélgica en las décadas de 1880 y 1890 hasta principios del siglo XX como  una escisión del  parnasianismo al que acusaban de frialdad. La literatura simbolista intenta utilizar el lenguaje literario como instrumento de conocimiento que, a través de los símbolos,  intenta captar lo que los sentidos no perciben, por lo cual se encuentra impregnado de misterio y misticismo. Los poetas simbolistas prefieren la sugerencia y la alusión a las afirmaciones precisas, buscan la musicalidad y las sensaciones de color. Los poetas simbolistas más destacados son Paul Verlaine y Stephane Mallarmé.

El movimiento simbolista reacciona contra los valores del materialismo y del pragmatismo de la sociedad industrial, reivindicando la búsqueda interior y la verdad universal;  y para ello los poetas se sirven de los sueños que  ya no se conciben únicamente como imágenes irreales, sino como un medio de expresión de la realidad.

En el ambiente simbolista escriben las grandes figuras poéticas que fecundarían el modernismo español y que se conocen como poetas malditos: Baudelaire con su libro más significativo, Las flores del mal (1857), Verlaine  y  Rimbaud. Fuera de Francia, influyeron en el modernismo Edgar Allan Poe y  Oscar Wilde.

Hacia finales de siglo se abre paso en Europa el término Decadentismo, que quiere referirse al trabajo literario de los escritores que se sienten atraídos por lo morboso, lo excitante, lo exquisito y refinado. Entre los decadentistas, además de los poetas anteriores, se cuentan dramaturgos como Oscar Wilde y Maurice Maeterlinck y novelistas como Gabrielle d’Annanuzio y Thomas Mann.

El simbolismo no pudo desarrollarse mediante un estilo  unitario; por eso, se hace muy difícil definirlo de forma general. Es más bien un conglomerado de encuentros pictóricos individuales.

  1. 2. Baudelaire

2.1. Retrato de Baudelaire.

Charles Baudelaire nunca aceptó el segundo matrimonio de su madre con el coronel Aupick cuando el autor sólo tenía siete años. Se hizo expulsar del internado donde su padrastro le había matriculado porque estaba firmemente decidido a llevar una vida de dandi.  Cuando comenzó una vida bohemia en París (en la que contrajo la sífilis) su padrastro le hizo embarcar contra su voluntad  para un largo viaje, pero él se volvió a París desde las Islas Mauricio. De vuelta, tomó a la mulata  Jeanne Duval como la más duradera de sus amantes, y se dedicó a gastar la fortuna heredada de su padre, por lo que el padrastro  la colocó bajo tutela judicial por el riesgo de que el poeta la malgastara rápidamente. Así, obligado a trabajar, se dedicó a la crítica de arte ( fue el mejor crítico de su época) y a la traducción de las obras de Edgar A. Poe. En 1847 publicó una novela corta, La Fanfarlo, en la que ironiza sobre el romanticismo. En 1848 participó en las revueltas de París incitando a las masas a fusilar a su padrastro; cuando la revolución fracasó, él y otros escritores se refugiaron en “sus torres de marfil”. En 1857 apareció su obra poética, Las flores del mal, obra que fue condenada por “ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres” por el mismo fiscal que quiso condenar la Madame Bovary de Flaubert. . En ese mismo año murió su padrastro y Baudelaire “recuperó” a su madre, con quien tiene una frecuente correspondencia. Fue admirador y uno de los mejores traductores de las obras de Edgar Allan Poe… En 1864 viaja a Bélgica y reside dos años en Bruselas. Allí intenta ganarse la vida dando conferencias sobre arte, pero son un fracaso. La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis (1865), y los síntomas de afasia y hemiplejía que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur. Su madre le traslada urgentemente a una clínica de París, donde permaneció sin habla y paralítico hasta su muerte, ocurrida el 31 de agosto de 1867.863).

2.2. Baudelaire y la modernidad.

Con Baudelaire, la lírica francesa pasa a interesar a toda Europa. Así lo demuestran los influjos que ejerció a partir de entonces en Alemania, Inglaterra, Italia y España.
Varias son las manifestaciones en que se le califica como “poeta de la modernidad”. Y ello está perfectamente justificado, porque Baudelaire es el inventor de esta palabra. La usa en 1859, excusándose de su novedad, pero la necesita para expresar lo que caracteriza al artista moderno, es decir, la facultad de ver en  la gran ciudad no sólo la decadencia del hombre, sino también una belleza misteriosa y hasta entonces no descubierta. Éste es el problema del propio Baudelaire: ¿cómo es posible la poesía en una civilización comercializada y dominada por la técnica?

Baudelaire,  en la colección de poesías que tituló Flores del mal, introdujo el gusto por lo extraño. lo malsano, lo neurótico, la mezcla de la religiosidad y el pecado.

De Baudelaire partió en gran parte la renovación de la poesía. Fue precursor del simbolismo y de las vanguardias del siglo XX, y es para muchos el fundador de la tradición poética contemporánea y uno de sus máximos teóricos. La poesía de Baudelaire se caracteriza por la perfección de su estilo y por la precisión, casi matemática, de sus metáforas. Su idea de la conciencia o razón creadora estaba en contra de la idea romántica del arrebato de la inspiración. Su obra presenta un conflicto constante entre el bien y el mal y entre estética y belleza, y en ella “lo artificial” (el arte, la ciudad, etc.), valorado positivamente  y sustituye  a “lo natural”.

Los versos que aparecen recogidos en su libro más representativo Fleures du mal (1857) y vuelto a editar con ciertas modificaciones en 1862, se centran en la descripción del mal, en la apología de lo satánico y en el tratamiento del hombre como ser miserable y perverso y poseedor del cuerpo como instrumento para todo tipo de vicios. De su restante producción merecen citarse mencionarse, además de  La Fanfarlo (1847), Los paraísos artificiales (1861), donde aparece el célebre poema “Sobre el vino y el hachís”, Los pequeños poemas en prosa (1869), editados póstumamente y algunos de los cuales habían aparecido publicados en 1864 bajo el título de El spleen de París, y Salón de 1846, que giró en torno a la pintura de su amigo Delacroix, y Salón de 1859.

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2.3. Las Flores del mal: principios poéticos y algunas características.

a) En la poesía se debe completar la inspiración (principio romántico) con la inteligencia y la técnica.

b)       La poesía debe indagar sobre el sentido de la vida, pero tiene que buscar, paralelamente, la belleza artística cuidando exquisitamente la forma.

c)       El ansia de evasión (viajes, excesos, muerte) no excluye la profundizar  en la nueva realidad burguesa e industrial; está presente el realismo de la gran ciudad, que se convierte en el escenario de la obra. La ciudad impone al poeta su fealdad y su suciedad, pero, a la vez, le permite perderse para intentar encontrarse a sí mismo.

d)       La poesía incorpora el lenguaje cotidiano.

e)       La angustia vital romántica se enriquece con nuevos motivos: la masa urbana, el solitario anonimato del individuo y, sobre todo, el tedio.

f)        Y, sin embargo, no hay innovación en la forma métrica de Las flores del mal, sigue siendo la misma que la de la poesía romántica.

g)       La poesía de Baudelaire parte de la idea de que EL MAL está en el corazón del hombre como la fealdad está en el corazón del mundo.

2.4. Estructura de Las flores del mal

a)      Dedicatoria a Teófilo Gautier, poeta representativo de “el arte por el arte”

b)      Introducción: Primer poema: Al lector. El propósito es el tedio que invade al lector igual que al poeta y la complicidad entre ambos

c)      Spleen e ideal: poemas 1 à 85. Describen la dualidad entre el deseo de recuperar la pureza perdida y la sensación de estar enfangado en la  realidad.

d)     Cuadros parisienses: poemas  86 à 103. La ciudad impone al poeta su fealdad y su maldad, pero también momentos y personajes mágicos

e)      El vino: poemas 104 à 108. El vino permite soñar que se accede a la liberación, al paraíso perdido.

f)       Flores del mal: poemas 109 à 117. Todos los vicios que expresan la desesperación del que se contempla a sí mismo en su cuerpo y en su interior.

g)      Rebelión: poemas  118 à 120. El hombre, asqueado de sí mismo, se dirige a Satanás, que representa la depravación, entre injurias y blasfemias.

h)      La muerte: poemas 121 à 126. La esperanza única de salvación y la última esperanza está en la muerte.

  1. 3. Arthur Rimbaud (1854-1891)

3.1. Retrato.

Cuando Rimbaud, después de varios intentos frustrados de escapar de su casa de las Ardenas, se presentó por fin en París, era un adolescente superdotado de diecisiete años y un poeta precoz y revolucionario, que ya había escrito  la Carta de un vidente, y uno de sus poemas más hermosos, El barco ebrio, que fue la carta de presentación de un “Shakespeare niño” (lo dijo Victor Hugo) y un poeta genial. Unos tres años después, dejó la poesía definitivamente. En estos pocos años había pasado por el parnasianismo y lo había superado, criticando la poesía romántica y parnasiana y alabando la poesía de Charles Baudelaire, a quien incluso nombra “un dios, el rey de los poetas”. Piensa que el poeta debe hacerse “vidente”, y que la única forma de lograrlo es por un “largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos”. Según Rimbaud, el poeta debe vivirlo todo, sufrirlo todo, para así poder convertirse en un “alquimista” de las palabras y hallar la perfección máxima en la poesía. Este convencimiento le lleva a una vida bohemia salvaje y provocativa, pero también muy creadora. Su relación tormentosa  y escandalosa con el gran poeta simbolista Verlaine es lo más conocido de su biografía, y está plasmada en el cine (Vidas al límite)

3.2. Su poesía

En la obra de Rimbaud se pueden encontrar actitudes y temas muy diferentes, porque su obra no es sistemática como la de Baudelaire. De modo muy general, podemos encontrar tres líneas temáticas:

a)      Poesía de la felicidad, basada en la evocación gozosa de una vida vagabunda, en la que mezcla la dicha de vivir  mezclada con la dicha de escribir: ejemplo, Ma boheme ( Mi bohemia). En esta línea encontramos los poemas simbolistas más clásicos, como el de Ofelia.

b) Poesía de la cólera, basada en la denuncia virulenta y provocadora de la hipocresía y de la miseria moral de la sociedad; ejemplo: Les pauvres a l,eglise (Los pobres en la iglesia). Son poemas que rompen violentamente con la moral burguesa y la atacan con un lenguaje a veces brutal y “antipoético.

c) Poesía alucinada, basada en la voluntad de conseguir imágenes predecesoras del surrealismo a través de un lenguaje que supera lo racional, línea poética que comienza muy pronto con El barco ebrio y que se consolida después.

Rimbaud, como Baudelaire, también escribió prosa poética, recogida principalmente en su recopilación Una temporada en el infierno, de 1873, que es un testimonio de su vida espiritual y poética, con comentarios sobre su época de amistad con Verlaine.

  1. Paul Verlaine (1884-1896)

Paul Verlaine, tras una juventud bohemia, se había convertido en un normal  padre de familia burgués. En 1872 abandonó todo para seguir al adolescente Rimbaud, de quien se hizo amante y al que acabó hiriendo de un disparo. Tras salir de la cárcel su vida transcurrió entre su obra literaria y una miserable bohemia salpicada de crisis violentas y entregado a todo tipo de excesos. Como proponía Baudelaire, Verlaine pasó gran parte de su vida embriagado (de alcohol, de santidad, de sexo…)

Las aportaciones más importantes de su obra son la defensa de la musicalidad como esencia misma de la poesía, el sentido del coloquialismo lírico y un cierto tono de vaguedad melancólica. Considerado el  principal precursor del simbolismo, es, con Victor Hugo, el mayor poeta lírico francés del s. XIX. En 1866 publicó su primer libro, Poemas saturnianos, que revela la influencia de Baudelaire, al que siguieron  Fiestas galantes (1869), en el que describe un universo irreal y elegante, y La buena canción (1870).

Después de una crisis producida por el amor no correspondido que le inspiró su prima Élise Moncomble, halló una breve estabilidad en su matrimonio con Mathilde Mauté (1870), disuelto a raíz de sus relaciones, a partir de 1871, con Arthur Rimbaud, con quien viajó a Bélgica y a Gran Bretaña (1872-1873). El 10 de julio de 1873, en Bruselas, hirió de bala a Rimbaud, quien le había amenazado con abandonarle. Condenado a dos años de prisión, salió de la cárcel después de recobrar la fe cristiana..

Su etapa de madurez se inicia con la publicación de Romanzas sin palabras (1874), que revela una poética nueva, basada en la música del verso. Se puede resumir su idea de la poesía en los siguientes puntos:

—Buscar los efectos puramente musicales de la frase poética;

—intensificar al máximo la posibilidad de sugerir asociaciones sensibles de la metáfora; y también por

—colorear sutilmente escenas naturales con los matices de la emoción interior evitando siempre

Tras una última riña con Rimbaud en Stuttgart, regresó a Gran Bretaña (1875), donde se dedicó a la enseñanza hasta que regresó a Francia (1877). Después de una recaída en el alcoholismo, volvió a Gran Bretaña con su alumno favorito, Lucien Létinois (1879-1880).  “Romanzas sin palabras” fue  el texto que le ha procurado la fama. Convertido en propulsor del decadentismo y en  el patriarca –junto a Rimbaud– del simbolismo, declara respecto a este último: « ¿El simbolismo? No sé qué será… Tal vez una palabra alemana (…) Lo que sí que sé bien es que cuando sufro, cuando gozo o cuando lloro no se trata de símbolos». En otra ocasión escribe: « ¡Ay de mí! Disipé mi vida (…) Si debiera emitir un juicio sobre mí mismo, me llamaría el don Quijote del Parnaso».

Los poetas malditos“, conjunto de artículos y ensayos sobre la poesía de la disipación y el exceso, aparece en 1881. En este ensayo se incluye a sí mismo en el grupo de los malditos con razón, por su vida escandalosa

Tras una nueva estancia en la cárcel por haber intentado estrangular a su madre hallándose bajo los efectos del alcohol, pasó a residir definitivamente en París (1885), donde fue a menudo hospitalizado hasta su muerte.

  1. 5. Textos para comentar

5.1. Rimbaud, Ofelia

I

En las aguas profundas que acunan las estrellas,

blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,

flota tan lentamente, recostada en sus velos…

cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia

pasa, fantasma blanco por el gran río negro;

más de mil años ya que su suave locura

murmura su tonada en el aire nocturno.

El viento, cual corola, sus senos acaricia

y despliega, acunado, su velamen azul;

los sauces temblorosos lloran contra sus hombros

y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.

Los rizados nenúfares suspiran a su lado,

mientras ella despierta, en el dormido aliso,

un nido del que surge un mínimo temblor…

y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

II

¡Oh tristísima  Ofelia, bella como la nieve,

muerta cuando eras niña, llevada por el río!

Y es que los fríos vientos que caen de Noruega

te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,

en tu mente traspuesta metió voces extrañas;

y es que tu corazón escuchaba el lamento

de la Naturaleza –son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo

rompió tu corazón manso y tierno de niña;

y es que un día de abril, un bello infante pálido,

un loco misterioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca!

Te fundías en él como nieve en el fuego;

tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.

–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

III

Y el poeta nos dice que en la noche estrellada

vienes a recoger las flores que cortaste ,

y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,

a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.

2. NEVERMORE Paul Verlaine

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Recuerdo, recuerdo, ¿qué quieres de mí? El otoño

hacía volar el tordo a través del aire átono

y el sol lanzaba un rayo monótono

sobre el bosque amarillento donde restalla el cierzo.

Estábamos a solas e íbamos soñando,

Ella y sol, cabellos y pensamiento al viento

de repente, volviendo hacia mí su mirada conmovedora:

« ¿Cuál fue tu día más bello?», dijo su voz de oro vivo,

su voz dulce y sonora, de lozano timbre angélico.

Una sonrisa discreta le dio la réplica

y besé devotamente su mano blanca .

¡Ah, qué perfumadas son las primeras flores

y qué sonido, qué murmullo encantador

el primer sí que sale de los labios más amados!

3. Rimbaud, El barco ebrio

Mientras descendía por Ríos impasibles,

Sentí que los remolcadores dejaban de guiarme:

Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,

Clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba el cargamento,

Fuera trigo flamenco o algodón inglés.

Cuando terminó el lío de los remolcadores,

Los Ríos me dejaron descender donde quisiera.

En los furiosos chapoteos de las mareas,

Yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,

¡Corrí! Y las Penínsulas desamarradas

Jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos.

Más liviano que un corcho dancé sobre las olas

Llamadas eternas arrolladoras de víctimas,

¡Diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,

El agua verde penetró mi casco de abeto

Y las manchas de vinos azules y de vómitos

Me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.

Y desde entonces, me bañé en el Poema

De la Mar, lleno de estrellas, y latescente,

Devorando los azules verdosos; donde, flotando

Pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡Donde, tiñiendo de un golpe las azulidades, delirios

Y ritmos lentos bajo los destellos del día,

Más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,

Fermentaban las amargas rojeces del amor!

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas

Y de las resacas y de las corrientes:

¡Yo sé de la tarde, Del Alba exaltada como un pueblo de palomas,

Y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.

Iluminando los largos flecos violetas,

Parecidas a los actores de dramas muy antiguos

Las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,

Besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,

La circulación de las savias inauditas,

Y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados

Enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,

Sin pensar que los pies luminosos de las Marías

Pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas

Mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel

De los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas

Bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas

En las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;

Los derrumbes de las aguas en medio de la calma,

Y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!

Naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros

Donde serpientes gigantes devoradas por alimañas

Caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados

De la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.

-Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos

Y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,

La Mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce

Elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas

Y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas…

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas

Y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.

¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes

Los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,

Arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,

Yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa

No hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas,

Yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared

Que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,

Líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,

Tabla loca, escoltada por hipocampos negros,

Cuando los julios hacían caer a golpes de bastón

Los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas

El celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,

Eterno hilandero de las inmovilidades azules,

Yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas

Donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:

-¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilas,

Millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro?

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras.

Toda luna es atroz y todo sol amargo:

El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.

¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco

Negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado

Un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta

Un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,

Arrancar su estela a los portadores de algodones,

Ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,

Ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.


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